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'Vaca
crack de fútbol', acrílico
sobre tela, 22 x 16 centímetros,
de Rodríguez. |
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Fútbol
El fútbol es una pintura
Pablo
Picasso coloreó el fútbol; Nemesio
Antúnez pintaba escuchando partidos;
Oscar Roldán plasma futbolistas
en alusión al poder; Diego Manuel
Rodríguez dice que allí hay mucho
tema. Pinceladas sobre verde.
Max Beckmann llevó el expresionismo
al área chica; Robert Delaunay inmortalizó
una jugada del 'Equipo de Cardiff';
Nicolás de Staël pintó un paisaje
abstracto que por capricho tituló
'Los futbolistas'; Pablo Picasso
dibujó a tres gorditos que flotan
frente a un sol que parece un balón.
Son hitos de la pintura inspirada
en el fútbol.
El chileno Nemesio Antúnez
pintaba mientras escuchaba las narraciones
de los partidos, pues lo motivaban
los relatos emocionados y el cantar
de los goles. En sus cuadros las
canchas son espacios de libertad
alrededor de los cuales se reúne
el pueblo y desde los cuales vuelan
aves que parecen seres míticos.
El antioqueño Oscar Roldán
pinta temas del fútbol como pretexto
para tocar los del poder. Sus temas
favoritos son el asesinado jugador
Andrés Escobar y el Coliseo Romano
convertido en cancha de fútbol,
en la cual unos jugadores son más
fuertes que otros. Antes de Roldán,
otro antioqueño, Félix Angel, también
había tomado el deporte como fuente
de inspiración pictórica.
En Argentina, país del fútbol,
Diego Manuel Rodríguez decidió pintar
sobre este tema desde hace dos años:
En diálogo con GACETA dijo: "Intento
mostrar al jugador que infla su
pecho de orgullo y alegría por vestir
camisetas llenas de gloria e historia,
y además trato de mostrar a los
jugadores que se divierten, y que
el fútbol más allá de todo es un
juego".
Al referirse a la pintura
inspirada en el fútbol, Rodríguez
dice que todavía no hay algo que
pueda ser calificado de movimiento
pictórico y aunque "la crítica
de arte en Buenos Aires es muy particular,
a veces es un poco elitista o hermética",
pero el público reacciona "muy
positivamente, pues es una de las
series que más gustan y de la que
más recibo consultas". Y cree
que "el fútbol es una bola
que crece día a día y en algún momento
imágenes artísticas sobre el fútbol
serán muy requeridas por coleccionistas
de arte o por empresas, y yo estaré
preparado", advierte Diego
Manuel.
Alvaro
Gärtner, Editor de gaceta
Reportaje publicado
en Gaceta Dominical , Diario
El Pais, Cali, Colombia, 24/ 8 /
2003 |
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El
tren gris
por Fernando
Ibáñez Chover (Revista Cultural Contrastes,
Valencia, España. Año 2001)
Diego Manuel
es pintor por vocación y errante por circunstancia,
recorre el trayecto de Buenos Aires a ciudad de La Plata.
Viaja en un
tren de ilusiones y desesperanza, de luz y oscuridad.
Un escenario dónde múltiples protagonistas
le regalan sus historias, confirmando que no hay mejor
narración que la vida, ni mejor vida, para un
creador, que la narración.
Suben los pasajeros
de las 5.30 a.m., los silbatos y la luz son los primeros
actores, marcando el comienzo que todo viaje debe tener.
Diego, mantiene
un discreto mutismo, casi sin respirar, deleitándose
en la contemplación de tan sorprendente normalidad.
Un vagón gris, setenta asientos grises y doce
personas grises. Quizá, el reluciente vagón
que fue no resistió más la indiferencia
de la gente que ya pasó, muriendo así
poco a poco, pues sólo los ramales que rinden
económicamente funcionan en una Argentina que
se va atomizando. Aunque, bien pensado, que sería
de este país sin el triste y bravo infortunio
que susurran los tangos, transformando el dolor en múltiples
y variados sentidos, en ilimitados e indefinidos colores.
Colores que cambian a medida que nos adentramos en los
suburbios.
Dentro, por
el pasillo central, cruzan unos pedigüeños
ancianos vendiendo libros que eseñan cómo
ganar dinero, aunque, paradójicamente, el único
modo de ganar dinero con esos libros es vendiéndolos.
Estos veteranos parecen formar parte del tren, completando
la galería de personajes perfectamente estudiados,
con sus uniformes, sus colores, sus formas y sus distintos
significados dentro de ese complejo equilibrio que es
la vida. Un viaje incierto en el que cada persona asume
un papel. Nuestro pintor, confirmando la teoría
de Matew Donald, por la que una persona con un martillo
en la mano transforma diversos objetos en clavos, proyecta
su sensibilidad infantil, para redibujar y colorear
ese tren gris, con sus personajes grises.
En su libreta
hace apuntes, y va transformando la indefinición
de la forma del vagón en un deformado cubo, los
incómodos asientos y las ventanillas se convierten
en geométricos arabescos. Pero ese cruce de lineas
transversales, diagonales y paralelas, conforma un anárquico
orden, sólo roto por las manchas, las criaturas.
Personas que
despiertan dentro del bosque mágico que el artista
imagina; la maternal liebre cuida de su bebé,
mientras el arisco roedor lee el periódico, molesto
por los jóvenes pajarillos que revolotean por
el pasillo. Un bestiario que rezuma humanidad y que
ofrece a los ojos del artista una vivencia cercana y
concreta.
El paisaje recrea
variadas escenografías que enfatizan la crudeza
de la realidad circundante. El puente de hierro, la
casa del arroyo, la fábrica destartalada... Otros
mundos, que pertenecen al tren, del mismo modo que el
tren pertenece a éstos. Temerarios muchachos
que esperan el paso del tren para recuperar aquello
que el destino les arrebató y con lo que conseguirán
alimentarse, calentarse o trapichear, dependiendo de
la carga. Los jóvenes enamorados sellan su amor
uniendo dos monedas con el paso del tren. Una inquieta
adolescente mira pasar los vagones cargados de oportunidades
que nunca encontrará si permanece en esa ventana.
El traqueteo marca el paso del tiempo, a los habitantes
de la Boca y San Telmo, antiguas casas de criollos adinerados
que se convirtieron en conventos para inmigrantes españoles
e italianos en 1900, y que ahora alberga a los nuevos
inmigrantes, de Europa Oriental y Asia. Un horizonte
de grúas y nuevas construcciones anuncian más
desigualdades de un "progreso" entorno a la vía.
Cada cuadro
y cada trayecto son abordados por el pintor como una
metáfora de la vida, con la certeza de un comienzo
y un final, pero ignorando cómo transcurrirá
el trayecto. Así es la pintura de Diego Manuel,
evolutiva, cargada de alegre melancolía, colorista
y testigo de excepción de un país, una
ciudad, un tren, una persona y su imaginación;
porque el auténtico viaje, afirma Diego, transcurre
en nuestro interior. |
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Pinturas
sobre el tren
Publicado en Art-faces.com , USA, año 1999
En 1998 yo prácticamente había viajado en tren
3 o 4 veces (actualmente tengo 30 años), hasta ese momento
viajar en tren era una mezcla de imágenes de películas
de cine.
Cuando por cuestiones de trabajo paso a viajar seguido en el
tren (durante 1998-99) que une la ciudad de Buenos Aires
con la ciudad de La Plata, penetrando en los suburbios del sur
de la gran ciudad, fue un choque terrible contra una
realidad que me cambió en varios aspectos mi forma de
pensar y claro también mi forma de ver y de pintar.
Los
pintores somos de alguna forma una filmadora que nunca
se apaga, Goya el gran pintor español decía que un buen
pintor con solo ver una vez una escena debería pintarla
perfectamente en el taller, y creo que no estaba hablando
de un mero virtuosismo técnico ni de ejercitar la memoria,
yo creo que hablaba de ejercitar la sensibilidad.
Y
sensibilidad es tener la capacidad de la sorpresa, mantener
esa capacidad en que los niños pueden ser nuestros maestros.
Las
pinturas relatan la sorpresa de ver un nuevo color en
un asiento roto o una cara de un anciano que quizás
60 años antes viajaba en un tren similar en Europa,
pero ahora sus ojos son infinitos, como las vías del
tren.
El
tren llamado "Tren Roca" pasa por uno de los
lugares de mas pobreza de Argentina, no es casual que
el gris sea el color base de la serie de pinturas. Y
aprender a usar ese gris es el que me enseñó estos viajes
en tren, variar ese gris y transformarlo en luces o
colores. Cambiar e improvisar, poner en la paleta sólo
algunos colores al azar y hacer lo posible. Aprendí
que no es bueno tener una paleta muy rica en colores
mas bien es bueno elegir un color base e improvisar
sobre esa base. Cuando uno tiene menos medios o se impone
problemas varían los resultados. Dentro de la variedad
a veces se recoge algo que realmente vale, algo que
realmente describe el viaje en el tren.
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